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Food sustainability

Crónica del curso avanzado sobre enfoques metodológicos para la evaluación de la sostenibilidad de los alimentos

09 April 2021

Del 15 al 24 de febrero de 2021 CIHEAM Zaragoza organizó un curso avanzado en línea sobre el enfoque metodológico a la evaluación de la sostenibilidad de los sistemas alimentarios. El curso contó con la participación de 60 profesionales de todo el mundo, en concreto de 20 países. Destacados expertos internacionales de la FAO, de universidades y centros de investigación compartieron sus conocimientos en este curso de alto nivel.

El curso abrió con sesiones introductorias de la mano de expertos de la FAO (Anne Bogdanski, Maryam Rezaei, José Valls) que explicaron el gran peso de los sistemas agroalimentarios en la bioeconomía. En la Unión Europea, por ejemplo, los sistemas alimentarios, entre ellos la agricultura, silvicultura, pesca y acuicultura, además de la elaboración de alimentos y piensos, explican el 71% de todo el valor añadido de la bioeconomía, y de alrededor del 28% en el caso de los productos biológicos, la parte restante la compone la bioenergía. Explicaron que los sistemas alimentarios sostenibles deben ser resilientes, productivos, prósperos, equitativos e inclusivos, regenerativos y capaces de empoderar además de proporcionar dietas saludables y nutritivas. Sin embargo, debido al aumento del hambre en el mundo, a la contribución significativa de los sistemas alimentarios al cambio climático y a la exacerbación de la desigualdad, a día de hoy gran parte de nuestro sistema alimentario ha quedado en entredicho. Seguir actuando como siempre ha dejado de ser una opción, ya que se necesitan cambios transformativos en los sistemas agroalimentarios para todos los países y actores implicados. La ciencia y la política ofrecen muchas soluciones para implementar cambios que potencien la producción y el consumo sostenibles, pero la puesta en marcha de dichas soluciones sigue siendo difícil. Requiere acciones integradas por parte de todos los actores a escalas local, nacional, regional y global y entre múltiples sectores para evaluar el impacto que las decisiones e intervenciones tienen sobre las comunidades, el medioambiente y la economía para encontrar soluciones de compromiso e impulsar sinergias.

José María Gil de CREDA-UPC-IRTA (Barcelona) ofreció una visión global del nuevo marco de la UE, que incentivará la evaluación del impacto de políticas e innovación para avanzar hacia una economía próspera, justa, competitiva, eficiente en el uso de los recursos y climáticamente neutral, con el objetivo final de alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2050. En su segunda intervención explicó las principales características del Pacto Verde de la Unión Europea anunciado por la Comisión en diciembre de 2019 y describió las grandes líneas de actuación dirigidas específicamente al sector agroalimentario. También hizo una breve presentación de la Estrategia de la Comisión «De la Granja a la Mesa», resaltando las 27 actuaciones y comentó algunas de las inquietudes e incertidumbres acerca de la implementación de la Estrategia.

Quedó patente que ante este nuevo marco de actuación será esencial poder medir la sostenibilidad, y en este sentido, Jara Laso, de la Universidad de Cantabria (Santander) explicó cómo la combinación de enfoques ambientales, sociales y económicos será clave para un futuro en común. En la actualidad existe un gran número de indicadores simples que sobrecargan a los decisores de información, impidiendo su proceso de toma de decisiones. A pesar de la conveniencia de trabajar con un número limitado de indicadores agregados que simplifique la toma de decisiones, todavía no existe ninguna metodología estandarizada. Cuando se generan indicadores compuestos hace falta decidir qué indicadores incluir y cómo ponderarlos y agregarlos. La utilización de métodos de optimización tales como la programación lineal o el enfoque de «distancia al objetivo», puede ayudar a estimar los factores de ponderación que se necesiten para obtener un indicador complejo.

La experta de la FAO Anne Bogdanski también añadió que los indicadores aportan información que simplifica la realidad. Proporcionan información sobre cambios y tendencias pero no siempre los explican, ni identifican relaciones causales. Los indicadores simples a menudo no bastan para entender fenómenos complejos como los sistemas alimentarios o la bioeconomía sostenible. Por consiguiente, se suele combinar indicadores en conjuntos mediante operaciones matemáticas para crear índices. Los índices agregados tienen la ventaja de reflejar las características integradoras de un sistema y dar una visión global del estado o rendimiento de un sistema de forma sencilla y explícita. Muchas veces la definición de indicadores de sostenibilidad incluye indicadores simples, conjuntos de indicadores e índices.

Como apuntó Gil, evaluar la sostenibilidad mediante un conjunto de indicadores ambientales, sociales y económicos puede ser problemático a la hora de comparar políticas o tecnologías alternativas de sistemas alimentarios. El buen rendimiento de algunos indicadores puede estar asociado al mal rendimiento de otros, dificultando así la toma de decisiones. En esta presentación Gil proporcionó un cuadro integrado para combatir potenciales conflictos de esta naturaleza. Partiendo del supuesto básico que los sistemas alimentarios no solo proporcionan bienes privados sino también públicos, se evalúan ambos tipos de bienes en términos monetarios y los integran en un solo marco. Se tiene en cuenta la renta neta de la explotación en la valoración de bienes privados mientras que se utilizan modelos de elección discreta en la valoración de los bienes públicos.

Zein Kallas de CREDA-UPC-IRTA (Barcelona) dio una clase introductoria sobre el Proceso Analítico Jerárquico (AHP por sus siglas en inglés) como técnica matemática para métodos multicriterio de ayuda a la decisión en entornos discretos. El AHP permite buscar la importancia relativa que se confiere a las alternativas y opciones, comparando criterios y subcriterios obtenidos mediante comparaciones por pares. El objetivo de este método es poder descomponer un problema complejo en una jerarquía de subproblemas menores.

Saioa Ramos de AZTI (Derio) explicó que la UE desea crear un método común basado en el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) para medir el impacto ambiental de productos y servicios. La mitad de los consumidores europeos opina que no es fácil diferenciar los productos respetuosos con el medioambiente de otros productos y solo la mitad confía en las alegaciones de los productores acerca de su índice de rendimiento ambiental. Como constata su compañera Maite Cidad, el ACV es una metodología que se utiliza para evaluar los impactos ambientales de un producto, proceso o actividad a lo largo de su ciclo de vida, desde la extracción del recurso hasta el final de su vida. El ACV transforma los insumos (energía, agua y materias primas) y los productos (emisiones al aire, al suelo y al agua) del sistema en impactos ambientales (cambio climático, uso del agua, acidificación, etc.). Se utiliza para mejorar procesos, dar apoyo a políticas y proporcionar una base sólida sobre la que tomar decisiones fundamentadas. El ACV se utiliza para analizar la contribución que hacen todos los elementos de la cadena a la carga ambiental global con el fin de priorizar las potenciales mejoras.

Maite M. Aldaya de ISFOOD-UPNA (Pamplona) presentó el concepto de la huella hídrica, que vincula el consumo de agua en un lugar a los impactos en otro. La huella hídrica es un indicador que aporta datos cuantitativos objetivos sobre el uso del agua y sus impactos, que puede ayudar a mejorar la gestión de los recursos hídricos y resolver problemas relacionados en distintos lugares del mundo. Con respecto a los productos agroalimentarios y bebidas, a menudo la mayor parte de la huella hídrica se encuentra en la cadena de abastecimiento, en los usos indirectos de la agricultura.

Finalmente, Marta Angela Bianchi de RISE (Goteburgo, Suecia) aportó una visión global sobre los indicadores de la calidad de la nutrición y sus impactos sobre la salud en estudios sobre la sostenibilidad de los alimentos. Habló de la necesidad de realizar un análisis combinado de nutrición, salud y medioambiente en los estudios de sostenibilidad, y de los conceptos de métrica de nutrición y salud, de su definición y de la especificidad de su uso, y ofreció varios ejemplos en estudios publicados. También explicó las métricas que se utilizan para cantidades de nutrientes, tales como índices de densidad e insistió en el papel de la elección de metodologías en la selección del índice más apropiado, y su impacto sobre la jerarquización relativa de alimentos. Resaltó la importancia de considerar aspectos como nutrientes incluidos, la cantidad de referencia para calcular la puntuación de la densidad de nutrientes, o aplicar topes o ponderar todas las elecciones de metodologías, ilustrada dentro del contexto de un estudio sueco en el que se analizaron 130 alimentos utilizando los indicadores NRF (Nutrient Rich Foods).