- Expertos destacan en el CIHEAM Zaragoza la necesidad de reducir el desperdicio alimentario para un uso más eficiente de los recursos naturales, la mitigación del cambio climático o el apoyo a la seguridad alimentaria

Más de 35 profesionales de 18 países participaron en un curso avanzado sobre las pérdidas y el desperdicio de alimentos (PDA) organizado por el CIHEAM Zaragoza y que se celebró en la sede del Instituto del 29 de mayo al 2 de junio de 2023. La formación abordó la necesidad de definir de la manera más ajustada posible la problemática para poder identificarla mejor y sobre todo, comprender mejor sus causas y factores desencadenantes, además de su cuantificación para el diseño de intervenciones, políticas e instrumentos de prevención. Se prestó especial atención al desarrollo de un marco metodológico para evaluar y supervisar la eficacia de las estrategias de prevención y reducción.
La reducción del desperdicio alimentario no es solo una cuestión de ahorrar dinero y recursos naturales, sino también una cuestión ética ya que afecta a la seguridad alimentaria y al aumento del precio de los alimentos. Los expertos que impartieron la formación insistieron en que dicha reducción contribuye a múltiples beneficios como el uso eficiente de los recursos naturales, la reducción de la presión sobre la tierra, sobre los recursos hídricos, la mitigación del cambio climático y el apoyo a la seguridad alimentaria y a la nutrición. Las sinergias en la integración de las intervenciones frente a esta problemática con otras iniciativas podrían conducir a una mayor reducción del desperdicio alimentario.
CAUSAS, CONSECUENCIAS Y DISEÑO DE INTERVENCIONES
José María Gil, (CREDA), coordinador científico del curso, hizo énfasis en las consecuencias de las PDA, contribución al cambio climático, su impacto sobre la disponibilidad y el costo de los alimentos, la seguridad alimentaria, la nutrición y la eficiencia del sistema alimentario en general. También mencionó la necesidad de un marco teórico para el diseño de las intervenciones y dirigir e implementar las políticas necesarias para la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos.
Amelia Sarroca (CREDA), por su parte, mencionó la necesidad de entender las causas, que son múltiples, y clasificarlas considerando su relación con cada etapa de la cadena alimentaria: tecnológicas (ineficiente sistema de conservación, transporte, manipulación, errores en el etiquetado); económicas (errores de compra, de gestión del stock); estructurales (interacción entre los agentes o debido a las infraestructuras existentes); y las basadas en la dinámica del sistema alimentario.
El curso ahondó en conceptos como el comportamiento del consumidor, el enfoque sociológico, la visión basada en recursos naturales y la economía circular. En lo que se refiere al estudio del comportamiento, se explicaron las teorías, sus ventajas y desventajas. Entre ellas, se resaltó el enfoque psicológico para identificar los factores que explican el cambio de comportamiento de las personas y el enfoque sociológico, que considera que las nuevas formas de consumo se basan en el establecimiento de nuevas prácticas, más que en el cambio de actitudes o valores, pero sin considerar los factores ambientales. Asimismo, se expusieron las teorías basadas en los recursos naturales, la prevención de la contaminación, las estrategias para minimizar las emisiones y minimizar la pérdida de alimentos, así como el enfoque relacionado con la eficiencia en la producción, ahorro de agua, energía y reducción de costes.
Matteo Vittuari (Universidad de Bolonia) presentó el diseño experimental, técnica estadística muy utilizada en la implementación de las intervenciones para cambiar los patrones de comportamiento y reducir el desperdicio alimentario (DA). El objeto es comprender, identificar y cuantificar las causas del problema en la cadena alimentaria y definir los mecanismos de cambio, diseñando entornos que puedan impulsar las prácticas de reducción del DA e integrar la mitigación del desperdicio de alimentos en el diseño de políticas públicas.
POLÍTICAS E INSTRUMENTOS DE PREVENCIÓN
Durante el curso se presentaron diferentes instrumentos de prevención para la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos: educativos, orientados a aumentar la conciencia; financieros y comerciales, para fomentar el cambio de comportamiento a través de señales de mercado; regulatorios, entre los que se abordaron las directrices de la UE sobre donaciones, consideraciones sobre sostenibilidad y asociaciones entre múltiples actores.
Hilke Bos-Brouwers (Universidad de Wageningen) presentó, entre otros, instrumentos persuasivos y de capacitación orientados al cambio en el comportamiento de las personas. Asimismo, detalló los instrumentos regulatorios que emanan de los organismos gubernamentales y en los que se exigen cambios de comportamiento a través de sanciones por incumplimiento de normas, licencias o planes de gestión.
Bos-Breuwers también mencionó los programas basados en el mercado, que alientan el cambio de comportamiento a través de señales que proporciona el propio mercado como las ayudas, subvenciones, impuestos o concesiones fiscales. Puso énfasis en la necesidad de que cada política incluya un diseño de cómo resolver un problema público. Este diseño define en detalle el objetivo de la política, los instrumentos de política a utilizar, los posibles calendarios y la población objetivo.
Durante el curso, Thomas Candeal (Coalición Internacional de Desperdicios de Alimentos) habló de los eslabones de la cadena alimentaria, indicando que en las etapas del comercio minorista existe un gran consumismo y una desconexión entre producción y consumo, de tal forma que el DA no es una cuestión colateral sino una norma enquistada en el sistema alimentario. También indicó que existen grandes desafíos para reducir el desperdicio de alimentos, hacer de la prevención del DA una norma social, la toma de conciencia y buscar el equilibrio en la oferta y la demanda evitando así los excedentes. Las razones que mencionó por las que se produce el DA en el sector minorista fueron la caducidad del producto; las dificultades en la predicción precisa de ventas, lo que crea un exceso de existencias debido a pronósticos inexactos; el manejo inadecuado del producto por parte del personal y la falta de conciencia social de los clientes.
Entre las posibles soluciones que se mencionaron para reducir el DA cabe mencionar las donaciones, los impactos de las promociones, el fomento de cadenas de suministro cortas y locales, políticas de reabastecimiento con gama limitada de productos y, nuevamente, la educación y concienciación de los clientes, cambiando las expectativas de estantes completamente llenos, además de las soluciones tecnológicas para mejorar la previsión.
Entre las causas del DA en los hogares se mencionó la falta de planificación, la provisión excesiva, el almacenamiento y conservación deficientes, la confusión sobre las etiquetas de fecha, o las porciones demasiado grandes. Las soluciones para reducir el desperdicio de alimentos en los hogares pasan por campañas de concienciación, sensibilización y recordatorios en las tiendas, envases optimizados para productos frescos y mejoras en la fecha del etiquetado.
En el caso de los restaurantes, los principales desafíos que se nombraron fueron la medición, la formación y los incentivos al personal, limitar la sobreproducción y proporcionar control sobre la porción, la donación y evaluar si la calidad de los alimentos y el desperdicio de alimentos están interconectados y cómo.
CÓMO EVALUAR EL IMPACTO DE LAS INTERVENCIONES
Laura García-Herrero (JRC) presentó un enfoque experimental, método central para evaluar las intervenciones de reducción del DA considerando criterios cualitativos y cuantitativos. Mencionó que los criterios cualitativos se ajustan adecuadamente a su finalidad y objetivos, identificando el problema, definiendo los objetivos, considerando indicadores clave de rendimiento (KPls), la evaluación de la sostenibilidad en el tiempo para asegurar la continuidad de la acción y su contexto para evaluar su transferibilidad y escalabilidad.
La importancia que otorgó a los criterios cuantitativos es debido a que evalúan la eficacia con el cumplimiento del objetivo establecido, es decir, la relación entre los resultados obtenidos y los recursos invertidos. La correcta definición de objetivos es de suma importancia, así como contar con un plan de monitoreo tanto para los impactos como para los resultados. Además, la segmentación de la población objetivo, la revisión de experiencias pasadas, la identificación o definición de cualquier marco teórico detrás de la elección o el diseño de la intervención podría conducir a una mayor eficiencia.
En cuanto a la evaluación de productos y servicios, se consideró el ciclo de vida del producto, desde la extracción y el procesamiento de la materia prima hasta el transporte, la distribución, el consumo, la reutilización/reciclado y la eliminación. En este sentido, el enfoque Life Cycle Thinking (LCT) es de gran importancia, ya que constituye el pilar de varias iniciativas medioambientales europeas y de políticas como el Plan de Acción de Economía Circular. Durante el curso, se vio que las intervenciones con enfoque experimental, además de considerarse más efectivas, son el método principal para evaluar el impacto de las intervenciones de reducción del desperdicio alimentario por parte de los consumidores.

